Este fin de semana estuve en un pueblo de Álava. Eran fiestas y no podía faltar. Fueron un par de días llenos de alcohol, verbena, risas y amigos inseparables durante unos días.

Sí, esa clase de amigos que lo son hasta que llega el momento de despedirse, de decirse adiós con la manita para siempre. Sabes que nunca más en la vida te vas a encontrar con ellos, y que si alguna vez os volvéis a juntar no será lo mismo.

Me marché el lunes, 15 de agosto. Un día triste para mí. Desde que tenía ocho años y hasta hace bien poco he ido a campamentos todo los veranos, en la primera quincena de ese mes. Así que ése es el día en el que me separaba de la gente con la que había convivido las últimas semanas, y con la que había tenido momentos inolvidables.

Un 15 de agosto me despedí de mi primer amor, la primera chica a la que besé. Un 15 de Agosto dije adios al verano de mi vida en los pirineos aragoneses. Un 15 de agosto me levanté de la cama con mi primera resaca. Un 15 de agosto te ví saliendo por una puerta para no volverte a ver jamás.

Quisiera saludar desde aquí a toda esa gente que forman mis recuerdos y de la que me separé inexorablemente. A todos vosotros estéis donde estéis, espero que os acordéis de mí como yo de vosotros, aunque solo sea una vez al año.